Sculpture
Adolfo first became involved in sculpting around 1973, after a sculptor- friend asked him to buy some clay and try to mold it into a statue. He did a few sculptures, and since he did not know how to cast, he took some pictures of them; those photographs are the only thing that remains from his first works. Having decided that he really wanted to be a sculptor, he moved to New York, a city he loves, to study art. He enrolled in the Art Students League, and received a scholarship to study. When his teacher, Jose De Creeft, a well-known Spanish sculptor, saw the pictures of Adolfo’s first sculptures, he could not believe that someone without previous arts education could do something like that. “But you must’ve done a lot of sculpturing before you did this”, he insisted. Adolfo, of course, was happy that his teacher did not believe him: it was the best compliment he could have given him. After two years at the school, he was married and had to quit to find a full time job. Years later, he moved to Florida with his family. It was then he opened his business to make his bodybuilding statues on a grand scale.
Adolfo feels he has only scratched the surface of his potential as a sculptor, especially carving stone, which is what he has always wanted to do. He hopes some day he will be able to get back to it. Meanwhile, his other artistic interests keep him very busy indeed.
Escultura
El interés de Adolfo por la escultura comenzó en 1973, cuando un amigo escultor, Alberto Caño, le sugirió que comprase arcilla y tratara de moldearla en algo reconocible. Le bastó una primera escultura para darse cuenta de que era algo que él podía hacer con facilidad. Moldeó varias figuras en arcilla, pero al desconocer la técnica del vaciado, ni forma alguna de preservarlas, terminaron por secarse y deshacerse con el tiempo. Lo único que conserva de aquellos primeros trabajos son las fotografías que tomó de ellas. Previamente, Adolfo había pasado una temporada en Nueva York, una ciudad que siempre le ha fascinado, y fue allí donde decidió estudiar arte. Se matriculó en el Art Students League, donde se le concedió una beca para estudiar.
Cuando su profesor, el conocido escultor español José De Creeft, vio las fotografías de los primeros trabajos en arcilla de Adolfo, no pudo creer que nunca antes hubiera estudia escultura o dibujo. “Muchacho, no hay duda de que eres un escultor nato”, le dijo.
Dos años más tarde, Adolfo se casó, consiguió un trabajo (nada relacionado con el arte) y no tuvo otro remedio que dejar de asistir a las clases. No fue hasta años después, una vez que se mudó con su familia a Florida, cuando pudo ganarse la vida como escultor; no de la manera que él hubiera deseado, sino con las estatuas de culturistas, con las que él fue un innovador y por las cuales se le conoce aún internacionalmente.
Adolfo siente que todavía le queda mucho por desarrollar su verdadero potencial como escultor, y, aunque las circunstancias le obligaron a dejar de hacerlo hace unos años, espera que alguna vez pueda regresar a ello y dedicarse a la talla de la piedra, que es lo que él siempre deseó hacer. Mientras tanto, se mantiene muy ocupado con sus otros intereses artísticos: el dibujo, la escritura y la fotografía. Quizás, incluso, algún día, hacer algo de cinematografía.
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