Drawing

Adolfo started drawing when he was about three years old. Unlike most children, who like to use a pencil and paper, Adolfo drew with white chalk on the asphalt of the street where he lived, using it as a huge blackboard. Fortunately, traffic in Madrid was very light in those days, and cars seldom interrupted his work. However, distracted bicyclists often bumped into him. At that age, he liked to draw cowboys and horses. When he was five, he sculpted the face of a Native American from the clay formed in the street from earth and water, and his mother hung it on the wall, until it dried out and fell to the floor.
Drawing came easily to Adolfo, and he always excelled in this subject during his years in school. After finishing high school, he stopped drawing altogether, except for the technical drawings he did at the Electrical Engineering School, where he studied for a couple of years. For years afterward, he drew infrequently, and after he became seriously involved in sculpture, did not touch a pencil for over a decade. It has been only in the past three or four years, since he stopped sculpting, that Adolfo has really begun drawing with his former passion. Because throughout his life, he has not done much work in this format, compared to other artists, he finds that, now, after having resumed practice, his skill has greatly improved. At present, most of his drawings are portraits drawn in graphite pencil (because he favors black and white over color). Recently, he has received many commissions for this type of drawing.
He is also building up a portfolio of pencil drawings, both black and white and color, with the intention of presenting it to an art gallery for a possible exhibition.

Dibujo

Adolfo debía tener unos tres años cuando comenzó a dibujar. Contrario a la preferencia de la mayoría de los niños, que favorecen el lápiz y el papel para dibujar, él lo hacía con tiza en las aceras y en asfalto, en mitad de la calle, algo que no complacía demasiado a su madre, pues el peligro de que un automóvil le atropellara era muy real. Por fortuna, el tránsito rodado en aquellos tiempos en Madrid era liviano, en particular en la calle donde el residía. Aun así, alguno que otro ciclista despistado le atropelló con su bicicleta en más de una ocasión. La gente del barrio solía detenerse para ver aquellos dibujos de indios, vaqueros y caballos, que él creaba y que parecían surgir de la negrura del asfalto. Una vez, a la edad de cinco años, hizo la cara de un indio americano con barro de la calle y su madre lo colgó de la pared, hasta que, reseco con el tiempo, cayó al suelo y se hizo pedazos.
El dibujo resultaba fácil para Adolfo, y durante sus años de estudio siempre sacó las mejores notas en esta asignatura. Pero una vez finalizado el Bachiller Superior, perdió el interés y no volvió a dibujar por mucho tiempo, excepto los dibujos técnicos que tenia que hacer durante los dos años que estudió peritaje eléctrico, y que nunca finalizó. En su época de escultor, tampoco dibujo demasiado, pues a la hora de crear la escultura original en barro, lo hacía directamente sin necesidad de un esquema previo. Ha sido, sin embargo, en los últimos tres o cuatro años, una vez que abandonó la escultura, cuando Adolfo comenzó a dibujar con la misma pasión con que lo hiciera en su niñez. Debido a que su experiencia en el campo del dibujo es limitada, comparada con la mayoría de los artistas, ha descubierto que, ahora que ha vuelto a practicar con más asiduidad, su habilidad ha mejorado considerablemente. En la actualidad, está dando prioridad al retrato en lápiz y recibiendo más encargos para este tipo de trabajo. No obstante, Adolfo continúa creando otros dibujos con el propósito de juntar una colección que le permita algún día exponer su obra en una galería de arte.